Unicamente el arte decorativo, especialmente en formas geométricas, espresaba el sentido de lo infinito, coo vemos aún hoy entre judios y musulmanes. En el Antiguo Testamento solo estaba permitida la representación de ángeles (Ex. 25, 17-22). Sobre el arca de la alianza estaba labrada la imagen de los querubines, casi como un preanuncio de lo que había de venir.
El nacimiento en este mundo del Hijo de Dios significa el nacimiento del icono, pues Jesucristo no es sólo el Verbo de Dios, sino también su imagen: "Cristo es la imagen (eikon) del Dios invisible" /Col. 1,15). Juan Damasceno, en sus tres Tratados en defensa de los santos iconos estudió profundamente esta cuestión en la época de los iconoclastas, y defiende así la representación del Dios invisible:
