Podemos decir que el icono original es Cristo, revelación y rostro de Dios, por el misterio de su encarnación. El Espíritu Santo es reconocido por la tradición oriental como el "iconógrafo interior", aquel que interiormente graba en nosotros la imagen de Cristo y nos lleva hasta la santidad en cuanto perfecta conformación a Cristo, también se le llama "iconoplastés", plasmador de la imagen.
La Virgen Maria por su unión con Cristo es también imagen, epifanía de Dios, y por eso se la representa en los iconos, especialmente junto a Cristo su Hijo y participando de los misterios. En maría, solía decir el Patriarca Atenágoras, convergen la sabiduría y la belleza humana y divina.

